Como el Padre me amó, yo también los he amado , permanezcan en mi amor. (Jn. 15, 9).
Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros, como yo los he amado. Nadie amor más grande que el que da su vida por sus amigos. (Jn. 15, 13).
Si me aman, guardarán mis mandamientos, y yo pediré al Padre, y les dará otro Abogado, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni el conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. (Jn. 14, 15 - 17).
Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. (Jn. 18, 37).
¿Porqué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en la casa de mi Padre? (Lc. 2, 49).
Conviértanse, porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mt. 4, 17).
Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva, ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí! (Mt. 11, 4 - 6).
¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han en ustedes, hace tiempo que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso les digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso les digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti. (Mt. 11, 21 - 24).
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan, y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes. (Mt. 5, 1 - 12).
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos!, porque ya han recibido su consuelo.
¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos!, porque tendrán hambre.
¡Ay de los que ríen ahora!, porque tendrán aflicción y llanto.
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. (Lc. 6, 24 - 26).
Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien, bendigan a los que los maldigan, rueguen por los que los difamen. (Lc. 6, 27 - 28).
Sean compasivos como su Padre es compasivo. No juzguen, y no serán juzgados, no condenen, y no serán condenados, perdonen, y serán perdonados." (Lc. 6, 36 - 37).