Parece un siglo
Como las hojas secas del otoño
fueron cayendo
y cubrieron los días que nacieron,
para convertirlos en años,
un siglo de amor y desengaños
dejaron en mis labios la amargura
de las mentiras y las intrigas
que fueron creciendo con la vida.
Un siglo de un mundo equivocado
donde solo existían las patrañas
y la envidia de unos pobres diablos,
que son abortos y piltrafas
que no merecen la existencia de los días.
Un siglo, y el peso de ese siglo
que llevo a mis espaldas
por tan largo tiempo,
guardando en el pecho lo que llevo dentro,
mientras siento la cuchilla que desgarra,
con su molado filo que me corta el alma.
Un siglo, y el peso de los años
me fustiga duramente las espaldas
y la cruz que cargo me ha doblado las rodillas
y mi cuerpo ya encorvado
se detiene por el cansancio y la fatiga.
La hojarasca del sendero
cayó como mi cuerpo, ya marchita.
Y serán otras hojas las primeras
cuando vuelva a renacer la primavera.
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