Nada es real
Cae lenta la tarde
y suavemente me acerco
a tu perfil.
Quiero imitarte y sentir
el aprecio de los días
que juntos amábamos
las brisas y el éter.
Las mañanas calladas,
derramándose en el rostro.
Las nubes imprecisas
dibujando en el horizonte
las grotescas y amables figuras
que aprendimos a amar
como si de algo nuestro se tratara.
Luego llegaron las estrellas fugaces,
que eran como luz hecha añicos.
A veces nos traspasaban el corazón
y nos llovían las lágrimas.
Y las mejillas ya cansadas
acusaron el golpe.
De nuestro amor, sólo
nos quedó ese dolor sordo
que a veces irrumpe,
inesperadamente...

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